09 abril, 2010

El ex socio español de Sovena reclama un 21% del grupo luso

La luna de miel que vive la multinacional lusa Sovena en España, donde se ha convertido en el primer operador en el sector del aceite de oliva, podría finalizar de manera abrupta después de que su antiguo socio y hombre de confianza en nuestro país, el empresario de origen norteamericano Freddy Raitan, haya acudido a los tribunales para reclamarle un importante paquete accionarial.

Según ha podido saber EXPANSIÓN, un juez de Portugal ha admitido la demanda y el juicio está a punto de comenzar. Raitan solicita a la compañía agroalimentaria un 21% de su capital o, en su defecto, una indemnización superior a los 33 millones de euros (sin contar los intereses), cifra que se corresponde al valor que tenía ese porcentaje en 2005. Esta denuncia se basa en acuerdos contractuales entre ambas partes y que, según el demandante, Sovena ha incumplido.
Los orígenes del conflicto se remontan al año 2002, cuando Nutrinveste –matriz de Sovena– adquirió los activos de la compañía andaluza Agribética a Aresbank, 3i y al propio Freddy Raitan. Por aquella época, la firma ubicada en Brenes (Sevilla) era el segundo comercializador del mercado nacional de aceites comestibles envasados (tanto de oliva como de semilla) gracias a su liderazgo absoluto en marca blanca.

Paradójicamente, Raitan jugó un papel clave para que el grupo portugués se hiciese con Agribética frente a Acesur, que también mostró su interés en comprarla.

Desembolso
El precio de la operación no fue entonces precisado, aunque desde Aresbank, que tenía un 53%, confirmaron que fue “razonable”, pues Sovena abonó 18 millones de euros y asumió la deuda.

Tras el acuerdo, Aresbank y 3i se desvincularon definitivamente de la enseña andaluza, pero la multinacional portuguesa puso como condición que Raitan permaneciera como consejero delegado del nuevo Grupo Sovena y que su participación en Agribética pasase a formar parte del accionariado del hólding surgido de la integración.

El pacto recogía, además, tres cláusulas que daban al directivo la posibilidad de alcanzar hasta un 21% del capital a medio plazo. Así, éste recibiría el equivalente del 7% de los títulos de la compañía correspondientes a su participación en Agribética, más una opción de compra por un porcentaje idéntico dentro de un periodo de cinco años.
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